De Madrid a Boston y Nueva York: el inescrutable viaje de cinco siglos de dos libros de Lope de Vega La investigadora Sònia Boadas localiza dos volúmenes de consulta de la biblioteca del gran dramaturgo del Siglo de Oro, con anotaciones de su puño y letra, tras un rastreo detectivesco de catálogos, subastas, archivos y listas de marchantes La primera imagen que viene a la mente cuando se piensa en una persona que se dedica a la investigación filológica es la de una cabeza enterrada en libros, papeles y archivos polvorientos. Pero eso era antes. La realidad actual se parece más a la de un detective con olfato de sabueso que maneja bases de datos, documentos electrónicos, análisis forenses, vuelos trasatlánticos y una pizca de suspense como la serie CSI. Mucho de eso hay en la última aventura de Sònia Boadas, miembro del grupo de investigación Prolope de la Universidad Autónoma de Barcelona, dedicado al estudio del teatro de Lope de Vega. En su relato hay bibliotecarios, libreros, marchantes, subastas, coleccionistas, catálogos digitales, un viaje a Estados Unidos y, finalmente, un doble “¡eureka!”: dos libros de consulta del gran dramaturgo del Siglo de Oro español, con subrayados y anotaciones de su puño y letra y firmados con su exlibris personal (el sello que se estampa en un volumen para indicar su propiedad). Hasta la fecha solo hay registrados otros dos, localizados recientemente en Lyon y Quito. Todavía con la cara iluminada por los hallazgos, Boadas da cuenta de la cantidad de circunstancias y casualidades que tienen que concurrir para que dos libros como estos lleguen a manos de los investigadores, después de un periplo de casi cinco siglos en los que fueron pasando de mano en mano desde la casa de Lope de Vega en Madrid hasta Boston y Nueva York. “Es muy difícil, sobre todo si acaban en una colección particular. La mayoría de las veces, cuando te pones a tirar de un hilo, no llegas a nada. Así que localizar no uno, sino dos a la vez, es excepcional”, explica por videollamada desde Barcelona. La suerte, en este caso, fue que los ejemplares no fueron comprados por coleccionistas privados, sino por dos instituciones estadounidenses, que los catalogaron y los almacenaron entre sus fondos. Solo hacía falta que alguien como Boadas se interesara por ellos para que emergiera su valor. El hilo del que empezó a tirar la investigadora fue un catálogo publicado en Alemania en 1897 por el librero Joseph Baer, de Fráncfort. En la lista figuraba un ejemplar de la Paraphrastica Elucidatio, un volumen de comentarios de François Titelmans sobre textos bíblicos, publicado en París en 1547, con un exlibris autógrafo de Lope de Vega. Boadas se propuso encontrarlo: rastreó catálogos de bibliotecas de todo el mundo buscando una edición parisina de ese título, localizó 25 ejemplares y revisó sus registros uno por uno. Cuando ya solo le quedaba uno y pocas esperanzas... ¡eureka!: “Lope de Vega’s copy, with signature on the title page” (Copia de Lope de Vega, firmada en la primera página). Estaba en la Houghton Library de la Universidad de Harvard, en Boston. Quería verlo con sus propios ojos. A principios del pasado abril, aprovechando que tenía planeado un viaje de investigación en la Hispanic Society y la Biblioteca Pública de Nueva York, Boadas añadió una escapada a Boston para analizarlo físicamente. Pero poco antes del vuelo, otra pesquisa sobre un segundo exlibris que había iniciado en paralelo desembocó precisamente en Nueva York. Se trataba de un ejemplar de 1521 que reunía textos históricos de Tito Livio y Lucio Anneo Floro. En este caso, la pista inicial se la había dado un registro de libros raros de 1925 en el que constaba la firma del dramaturgo. Mediante búsquedas por palabras clave, encontró la referencia de una edición exacta subastada en la sede de Nueva York de Sotheby’s el 18 de octubre 2024, donde se había vendido por 130.000 euros. Las imágenes disponibles en el catálogo de venta confirmaban la identificación: en la portada figuraba claramente la marca de Lope de Vega. Inmediatamente, Boadas llamó a la casa de subastas, donde no pudieron facilitarle el nombre del comprador por razones de confidencialidad, pero accedieron a trasladarle la consulta. Cinco días antes de coger su avión a Nueva York, la llamaron para decirle que había sido la biblioteca Morgan de esa ciudad. La investigadora no se podía creer su suerte: estaba a tres calles del hotel donde tenía pensado alojarse. Boadas, que lleva casi toda su carrera analizando textos autógrafos de Lope de Vega, no tuvo duda de la autenticidad de los volúmenes cuando los tuvo en sus manos. Reconoció la firma, así como los trazos de su escritura. Pero a la emoción por acariciar un libro tantas veces hojeado por el dramaturgo, se sumó enseguida la pulsión investigadora: “Obviamente, tendremos que analizarlo con calma, pero ya en un primer vistazo se pueden ver subrayados interesantes. Frases que luego aparecen citadas en sus obras, referencias bíblicas, anotaciones que luego encontramos reflejadas en sus textos. Es una información muy valiosa sobre sus métodos de trabajo”, explica. Lo libros ratifican también algo que Boadas ya confirmó en investigaciones anteriores: que Lope de Vega se servía puntualmente de ideas de terceros e incluso podían llevarle a cambiar el final originalmente escrito de una obra. “Era un escritor profesional. La idea de que se sentaba y se ponía a escribir versos solo con la magia de su genio es un mito. Profundizar en sus métodos de trabajo no solo nos ayuda a la interpretación de sus textos, sino también a su restauración o el análisis de posibles atribuciones. Hay que tener en cuenta que se calcula que llegó a escribir 1.800 obras, de las cuales únicamente conocemos 360. Y de estas, solo se conservan 40 manuscritas por él. El resto nos han llegado por copias posteriores”, explica. Estos manuscritos son fundamentales para la fijación del texto, pues al tratarse de autógrafos salidos de la mano del poeta se libran del proceso de corrupción textual progresiva que implica el proceso de copia. Son la materia prima principal del trabajo de Boadas y sus compañeros del grupo Prolope, fundado en 1989 en la Universidad Autónoma de Barcelona por Alberto Blecua y formado por una cuarentena de investigadores, cuyo objetivo principal es la edición crítica de todo el teatro de Lope de Vega. Gonzalo Pontón, su director actual, subraya la importancia de esta labor más allá del ámbito académico: “No se trata de hacer arqueología, sino de convertir aquellos textos en algo vivo, también aprovechable para su representación en los teatros contemporáneos”. Por eso el hallazgo de un nuevo objeto de estudio, como los dos volúmenes localizados por Boadas, es motivo de fiesta en Prolope. “Hasta el siglo XX los libros circulaban sin control por Europa entre coleccionistas, marchantes, libreros. Hay particulares que descubren en su biblioteca familiar incunables ignorados durante años. Luego, en el siglo XIX, millonarios estadounidenses se llevaron a su país lotes al peso. De ahí colecciones como la de la Hispanic Society. Incluso ya con las leyes de patrimonio contemporáneas, se siguen produciendo robos, ventas clandestinas, etc.”, relata Pontón. El grupo ya se prepara para analizar los dos nuevos exlibris. Pero Boadas no se detiene: sigue habiendo decenas de catálogos sin escudriñar en los que puede haber más joyas como estas.
De Madrid a Boston y Nueva York: el inescrutable viaje de cinco siglos de dos libros de Lope de Vega
La investigadora Sònia Boadas localiza dos volúmenes de consulta de la biblioteca del gran dramaturgo del Siglo de Oro, con anotaciones de su puño y letra, tras un rastreo detectivesco de catálogos, subastas, archivos y …
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