Daniel Guzmán: “Sigo siendo un punki: a veces hablo y luego piensoEl cineasta, de 52 años, conduce el programa ‘100% Únicosen televisión, gana el premio especial del jurado del Festival de Cine de Moscú porLa deuday canta versiones de La Polla Récords con su grupo Presbicia Dani Guzmán no tiene WhatsApp pero, a cambio, dispara SMS a discreción para cuadrar el día y la hora de esta entrevista en su endiablada agenda. En los últimos días ha estado en Rusia, donde ha recogido el premio del Jurado del Festival de Cine por su película La deuda; en México, donde la ha defendido en el Festival Platino; y en Londres, de donde viene, casi directo, en su moto, el día que nos vemos en la Redacción de EL PAÍS. Quizá por eso, porque lo tiene más a mano, muestra el pasaporte cuando la vigilante de seguridad le requiere el DNI, sin que el requerido pueda evitar un leve gesto de fastidio. Luego, sin embargo, se entrega a fondo en la charla, y deja pelos, señales e incluso alguna lágrima en las respuestas. El disimulo no parece una de las virtudes que lo adornan. ¿Se le ha pasado ya el cabreo porque La deuda no fuera seleccionada a los Goya? Más que cabreo, quizá fue decepción: esperaba un poco más. Entiendo que son las reglas del juego, y que el que se elija tu peli depende de muchas cosas: de la inversión en publicidad, de las otras pelis con las que compitas, de las apuestas de la prensa especializada, que fueron otras... Pero, , a lo mejor uno, inconsciente o egoístamente tenía más esperanzas sobre su película, por lo que había visto en la reacción espontánea del público. También te digo que ahora acabo de ganar el premio de Moscú, un festival de clase A, y apenas ha tenido visibilidad en los medios. ¿Qué cree que ha gustado de su película, tan madrileña, en Rusia? Pues que cuanto más localista, más universal. Es una historia pequeña, si quieres, que aborda un tema global: la gentrificación de las grandes ciudades y nuestra relación con los mayores. El premio me ha hecho una ilusión increíble: por ese festival ha pasado de Kurosawa a Kiarostiami. Hubo quien me dijo que cómo iba a ir a Rusia y, y yo, la verdad, digo: ¿por qué no voy a ir? En este mundo convulso, lo que hay que hacer es crear puentes y lazos de unión, y la cultura es lo único que nos puede salvar. Usted empezó de adolescente estampando su firma, Tifón, en las paredes como grafitero, y ahora firma películas. ¿Necesidad de autoafirmación? Bueno, no está mal visto. Una pintada mía sobre la guerra de Irak: un mural de 10 metros, con mi firma y una paloma con un arco iris, herida por un disparo, salió en El País y me hizo tanta ilusión, que aún guardo ese periódico. Digamos que, antes y ahora, quería expresarme artísticamente sobre cosas con las que no estaba de acuerdo, de una forma un poco combativa, un poco rebelde, si quieres. ¿Con causa o sin causa? Cada uno tiene sus causas. La mía, entonces, era sobre todo rebelarme contra la autoridad. Tengo un problema con la autoridad, siempre lo he tenido. Ya he visto que no le ha hecho gracia cuando le han pedido el DNI en la puerta. Bueno, siempre he sido punki, y lo sigo siendo. Hay una canción del grupo MCM, Me Cago en Dios, de cuando se instauró el DNI que se titula 35 millones de borregos. En cuanto te afilian ya te controlan. La autoridad, en general, me cuesta aceptarla. Creo que me viene por mi padre, que era una persona muy autoritaria, y, de ahí, se ha extrapolado a todo. Creo que, al ser humano, y, desde luego, a , basta que le digasno hagas algopara decir, bueno, ya decidiré yo si lo hago o no. ¿Es así desde niño? Desde que recuerdo. No tengo hermanos, para bien y para mal, era hijo único. Necesito entender las cosas y no me gusta que me obliguen a hacerlas. ¿Queda algún grafiti suyo por algún barrio? Alguno queda. De vez en cuando, siento la necesidad de volver a salir a pintar, y lo hago. ¿Un señor de 52 años grafiteando? Me parece maravilloso, porque sigo siendo ese mismo niño, hay algo ahí que me conecta con mi pasado y con mi identidad, y me encanta. Actúa, dirige, escribe, produce. ¿Le cuadra la palabra cineasta? Pues , me considero cineasta, aunque no me gusten las etiquetas. Lo que me gusta, y lo que hago, es contar historias, y las cuento a través del grafiti, de mis guiones, de mi interpretación o mi dirección, o de mi grupo de rock, porque cantar también es contar historias. Con causa no , pero, a primera vista, es un rebelde con canas. Ya te digo, más que el director, parece que soy el que pongo el pladur en el plató. Mis canas tienen nombre, el de mis tres películas: A cambio de nada, Canallas y La deuda, en las que me he dejado 20 años de mi vida. Las tengo desde que empecé a dirigir y producir a la vez, que es el error. Bueno, error, no, es mi necesidad. Ningún productor va a querer financiar 45 días de ensayos, o contar con una actriz no profesional de 92 años, que transmite la vulnerabilidad y fragilidad que yo quería; o 68 localizaciones y 5 millones de euros de presupuesto. Quiero contar historias que conecten con el público desde la emocionalidad, la reflexión y la complicidad. Pero cuando ves lo que ha costado la fiesta, ves que es deficitario. ¿Entonces, de qué vive? Pues intento gastar poco. No me puedo quejar, tengo para comer, estoy trabajando en televisión. Pero, ahora mismo, la balanza está descompensada a nivel físico, intelectual, económico y personal. Dirigir y producir cine no me compensa. Me he distanciado un poco de contar historias. Para historias, las de los chicos y chicas con Trastornos del Espectro Autistas que entrevistan a celebridades en su programa 100% únicos. ¿Cómo es la experiencia de trabajar con ellos? Maravillosa. Acepté ser el conductor del programa porque, más allá de entretenimiento, es un instrumento de visibilización y transformación social, que los muestra sin paternalismo y sin una mirada moralista. He aprendido mucho de ellos. Me ha sorprendido, sobre todo, su falta de filtros, que me parece fantástica y muy positiva. Bueno, usted tampoco tiene mucho filtro. Ninguno. Me identifico mucho con algunos rasgos del Trastorno del Espectro Autista (TEA), como ese, y el hiperfoco. Cuando yo me meto en algo, el resto del mundo desaparece y no paro hasta saberlo todo sobre ello. Y sobre el filtro, sigo siendo un punki: a veces hablo y luego pienso. Pocas veces me pongo de perfil. Otros compañeros lo hacen. Si, ante una masacre como la de Gaza, por ejemplo, prefieres callar por miedo a perder tu trabajo, es lícito, pero yo no puedo mirar hacia otro lado. ¿Que eso me genera problemas laborales? Puede ser, pero duermo tranquilo. Lo que dice que no puede volver a mirar es su primera película, A cambio de nada, porque sale su abuela, ya fallecida. No puedo. No he superado su falta. Llevo 13 años y no puedo ver ni sus fotos. El móvil me las recuerda y, ahí, que miro a otro lado. Todavía no lo acepto. Mi vida es mucho peor sin ella. He vivido muchas muertes muy cercanas: mi abuela, mi padre, mi mejor amigo. Cada vez lo entiendo más como parte de la vida, pero es una putada. ¿Se reconcilió con su padre antes de morir? . Y con mi abuela la despedí hasta el último aliento, yo solo, 15 días en su casa porque sabíamos que iba a morir y decidimos los dos estar juntos hasta el final. Es muy dramático, pero me quedé en paz, es importante despedirte bien de tus personas queridas. Con mi padre no lo hice tan bien como me hubiera gustado. El cuidado de los mayores es nuestra gran asignatura pendiente, todo eso está en mis películas. ¿No tratamos bien a los mayores? Hacemos lo que podemos. Sin juzgar a cada familia y sus circunstancias, creo que, por ejemplo, es triste sacarlos de su entorno. Charo, la protagonista de La deuda, tenía 92 años y murió cinco meses después de que la película se estrenara en el Festival de Málaga. Tanto a mi abuela como a Charo les dio vida sentirse útiles, queridas, valoradas y necesarias en la última etapa de su vida, cuando, generalmente, relegamos a los mayores al olvido o los apartamos. Creo que, en esta sociedad en la que vamos tan rápido, no les dedicamos el tiempo suficiente. En La deuda habla de desahucios. Usted fue condenado a pagar 600 euros a unos okupas por causarles lesiones leves al desalojarlos de su casa Es largo de explicar, pero te lo explico [lo hace, prolijamente]. Pero, por resumir: era una casa que tengo para reformar para que la use mi madre, no es mi tercera ni mi cuarta vivienda. Entré con mi llave y les saqué las mochilas a la calle. Hubo forcejeo. Acepté la condena y no recurrí porque me enfrenté a un dilema: si lo hacía, y aportaba otras pruebas, podía perjudicar más a esos chavales. Yo lo que hice, lo que pasó y no me tengo que explicar con nadie. Me encanta que haya llamado Presbicia a su grupo de rock de versiones de La Polla Récords. ¿Es por las gafas de vista cansada? y no. Es porque no hemos visto venir al fascismo que ya tenemos aquí, y seguimos sin verlo. El grupo nació hace un par de años como un humilde homenaje a La Polla y a Evaristo, su letrista. Crecí con sus letras, desarrollé con ellas mi pensamiento crítico en la adolescencia. Es una manera de devolverles lo que me dieron, esa deuda emocional. Lo que ellos denunciaban hace 30 años sigue pasando: el avance del fascismo, las oligarquías, los monopolios, el poder de la Iglesia. No ha cambiado nada en las estructuras del poder. Pero berreando sus canciones me siento libre. Sus compañeros de grupo son bomberos, le sacarán una cabeza. No te creas, los bomberos están tochos, pero no son tan altos. Juan es un poquito más alto que yo, Flequi, más o menos, y Rubén y Charco un poco más largos. La verdad es que lo hicimos para divertirnos y, por si fracasábamos, hacernos un calendario en cueros y recuperar la pasta. Pero, mira, nos han salido bolos para todo el verano. ÚNICO EN SU CLASE Daniel Guzmán (Madrid, 52 años) es hijo único. Pelado con la autoridad, empezando por la paterna, desde niño, comenzó a expresar su rebeldía y su creatividad estampando su firma, Tifón, en grafitis en paredes y muros de Madrid desde adolescente. Lanzado a la fama masiva con su papel de actor en la mítica serie Aquí no hay quien viva, su carrera dio un giro al como director en la película A cambio de nada, por la que ganó el Goya a mejor director novel. Diez años, dos películas y otro Goya después, Guzmán diversifica su carrera presentando el programa '100% únicos', en Cuatro, y cantando versiones de La Polla Récords con su propio grupo, Presbicia. El próximo 23 de mayo, día en que se conmemora el 50º aniversario de la creación de la República Árabe Saharaui, tocarán en la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid, "contra el olvido y, en cierta manera, la traición de los distintos Gobiernos de España a la causa saharaui", explica. No se calla ni debajo del agua.