Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita eran aliados. Ahora tienen conflictos en varios temas. Emiratos quiere ser la potencia más importante de la región.
Desde su independencia, las monarquías del Golfo Pérsico actuaron como una gran familia. Tuvieron conflictos internos, como el bloqueo económico a Qatar en 2017. Pero siempre llegaron a una reconciliación. Estas monarquías tienen muchas cosas en común: poca población, muchos recursos minerales, y dinastías tradicionales en el poder. También tienen vecinos ambiciosos y agresivos.
En las últimas semanas apareció un nuevo conflicto dentro del Consejo de Cooperación del Golfo. Este consejo reúne a las seis monarquías de la Península Arábiga. El conflicto es entre sus dos miembros más poderosos: Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Las tensiones crecieron durante esta década. Una señal importante fue la salida de Emiratos de la OPEP contexto organización de países productores de petróleo. Las tensiones probablemente aumentaron por la guerra actual en la región.
En la base del conflicto hay dos causas principales. Primero, los dos países compiten para reducir su dependencia del petróleo. Segundo, tienen visiones estratégicas diferentes sobre la región. Estas diferencias incluyen la llegada de Trump a la Casa Blanca y la influencia de Irán en la Península Arábiga.
Hace más de una década, los dos países formaron un bloque muy unido. Querían frenar los cambios políticos de la "primavera árabe". Actuaron juntos para sabotear a los partidos islamistas en Egipto, Libia y Túnez. También apoyaron a sus enemigos, como el general egipcio Abdelfattah Al-Sisi y el libio Khalifa Hafter.
La alianza fue muy evidente en Yemen. Los dos países lanzaron una guerra contra la milicia hutí, que era apoyada por Irán. Los hutíes tomaron la capital, Saná, con un golpe de Estado en 2015. En ese momento, el joven príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman trabajaba muy cerca del líder emiratí Mohammed bin Zayed. La prensa regional los llamaba MBZ y MBS, como un grupo musical.
La guerra en Yemen primero unió a los dos países. Pero después se convirtió en una fuente de conflictos. Los hutíes resistieron con éxito. Entonces Bin Salman buscó la paz con Irán. China ayudó en esa mediación. En 2023, Arabia Saudita e Irán restablecieron sus relaciones diplomáticas. Bin Zayed reaccionó de forma muy diferente. Él formó una alianza estrecha con Israel, el gran enemigo de Irán en la región.
Al principio, el acuerdo de Abu Dhabi con Israel no parecía un problema. Bin Salman también negociaba un acuerdo similar. Pero los ataques del 7 de octubre de 2023 y la respuesta israelí hicieron imposible ese pacto para Bin Salman.
En los últimos tres años aparecieron nuevos conflictos. En Yemen, Emiratos rompió la coalición contra los hutíes. Se alió con grupos del sur del país y apoyó su independencia. En diciembre, grupos apoyados por cada país lucharon entre sí. En Sudán, Bin Salman apoyó al ejército para estabilizar el país. Bin Zayed, en cambio, apoyó a una milicia paramilitar llamada RSF. Quería controlar el comercio de oro. Según varias fuentes, Bin Salman pidió a Trump sanciones contra Emiratos por su acción en Sudán. Ese fue el momento de la ruptura definitiva.
La salida de Emiratos de la OPEP es un desafío a Arabia Saudita. Emiratos quiere buscar su propio camino hacia la hegemonía regional. Lo va a hacer junto a Israel y en oposición a Irán. Arabia Saudita, en cambio, refuerza sus vínculos con Pakistán, Egipto y Turquía. También busca una nueva distensión con Irán.
El resultado de la guerra actual en el Golfo va a determinar el futuro de esta relación. Los dos países pueden llegar a una nueva reconciliación, o pueden continuar en direcciones opuestas.