EL IMPERFECTO

Diario de lecturas en español · Nivel A1

EDICIÓN DE LAS 19:30

LA NACIÓN · ARGENTINA

El curioso amorío que alteró la calma de una de las estancias de Juan Manuel de Rosas

En 1839, el secretario del gobernador tuvo que intervenir en un inevitable conflicto entre el mayordomo y el capataz


Versión A1

En 1839, el secretario del gobernador tuvo que intervenir en un conflicto inevitable entre el mayordomo y el capataz.

Abel Ivroud recitaba "El último pial" de Carlos Loray. El poema habla de un pialador famoso. Este hombre tenía un lazo corto y silencioso. Le gustaba mucho participar en fiestas y yerras del lugar. Pero un día tiró el lazo con demasiadas ganas. Lo pasó por encima del animal y perdió el lazo.

Este recitado recuerda una historia de amor ocurrida en la Estancia San Martín de Juan Manuel de Rosas contexto poderoso terrateniente y gobernador de Buenos Aires, hacia 1839. Allí trabajaba como mayordomo Juan José Becar y como capataz Dionisio Schoo.

En el Archivo General de la Nación se conserva una carta. El 7 de marzo de 1839, el mayordomo Becar le escribió a Rosas. Le contó los problemas que hubo con su mujer y el capataz. Le confesó "la pura verdad".

Becar relató que después de una partida de billar, el capataz fue a dormir. Poco después, el mayordomo fue a buscar agua. Al pasar por la habitación, sospechó algo extraño. La puerta estaba cerrada y Don Dionisio estaba solo con su mujer. El mayordomo entró y el capataz se fue sin decir nada.

Después, Becar interrogó a su mujer. Le pidió explicaciones sobre su confianza con el capataz. Pero ella negó todo.

Al día siguiente, Becar trabajaba en el corral grande. Llegó la hora de comer y todos se fueron. Entonces llegó su mujer con pan y asado. Él no quiso recibirlos. La mujer se arrodilló y le pidió perdón. Él la perdonó y le aconsejó comportarse "como mujer de bien". Por un tiempo, todo pareció mejorar.

Pero la situación no terminó ahí. La mujer fue al pueblo. El capataz pidió permiso para ir a Buenos Aires. Cuatro días antes, Becar le escribió a su esposa. Le dijo que no debía recibir al capataz en su casa. Sin embargo, ella no hizo caso y lo recibió igual.

Desesperado, el mayordomo dejó sus tareas al puestero Vitorino Calderón y fue al galope al pueblo. Encontró al capataz en la casa y lo echó. Al capataz se fue callado. Luego, Becar le dio golpes a su mujer por no obedecer sus instrucciones.

Esa misma noche le escribió a Rosas. Le dijo que no quería seguir viviendo con su mujer. Le dio la carta a un muchacho de D. Pedro Calderón para que la llevara. Pero la carta nunca llegó. Su mujer le sacó la carta al muchacho y llamó a Don Antonino Reyes para resolver el problema.

Reyes, secretario de Rosas, intervino. Como un anciano, aconsejó informar al patrón para remover al capataz. Becar se negó y dijo que los hombres no tenían la culpa. Pero la situación fue insostenible. Becar escribió que llevaban tres meses "como en divorcio".

A pesar de todo, el mayordomo dijo que no tenía rencor hacia el capataz. Afirmó que entre ellos no hubo ningún enfrentamiento.

El desenlace llegó después. El 23 de julio de 1842, Pedro Rodríguez le escribió a Becar desde Palermo de San Benito. Describió el mal estado de la estancia. Habló de errores en la conducción y del abandono de la hacienda. Le ordenó entregar el mando al capataz sin más demora.

Juan José Becar respondió el 25 de julio desde la Estancia San Martín. Dijo que cuando Dionisio Schoo volviera de Buenos Aires, iba a entregarle el establecimiento.

Original

En 1839, el secretario del gobernador tuvo que intervenir en un inevitable conflicto entre el mayordomo y el capataz - 5 minutos de lectura' El recordado Abel Ivroud recitabaEl último pialde Carlos Loray, sobre un afamado pialador que: “Tenía un lacito cortón / entrador y silencioso, / que era pami de goloso / como el queso pa’l ratón / “. Pialador que no perdía oportunidad de anotarse en cuanta yerra o fiesta se presentaba en el pago. Pero… “sin darme cuenta, encelau, / que descuidaba mi hacienda, / la cosa fue que mi prienda / por ligerona y despierta / al ver la tranquera abierta / buscó el campo a media rienda. / ¿Ande te irás orejana? / le grité y armé con torta, / que si el tiento no se corta / aquí te espero mañana. / Le tiré con tantas ganas / que de angurriento la paso, / y paaumentar mi fracaso. / en mi tiro más maleta / le agarré media paleta / y se me fue con el lazo”. Este recitado me recordó un amorío ocurrido en la Estancia San Martín de don Juan Manuel de Rosas, hacia 1839, Allí se desempeñaba como mayordomo Juan JoséBecar (grafía original)” y como capataz Dionisio Schoo. En el Archivo General de la Nación, dentro de la Secretaría de Rosas, se conserva la carta que el 7 de marzo de 1839 el mayordomo Becar le envía a Rosas con los informes del establecimiento. Entre ellos le confiesa: “los disgustos que ha habido con mi mujer respecto al capataz, y le confieso, Señor a Ud. la pura verdad”. Relata que luego de una partida de billar, el capataz se retiró a dormir. Al rato, el mayordomo fue a buscar agua y al pasar junto a su habitación, sospechó algo extraño…”me paré despacio en la puerta y la otra puerta estaba cerrada y estaba allí Don Dionisio solo con ella”...”Yo Señor no quise oír más por no encolerizarme y entré; el capataz no hizo más que salirse…”. Continúa diciendo que interrogó a su mujer, pidiéndole explicaciones sobre la confianza que le dispensaba al capataz, pero ella negó toda mala acciónde pie junto”. Al día siguiente, mientras trabajaba en la majada grande, llegó la hora de comer. Todos se retiraron, y él quedó solo en el corral. Entonces apareció ella con pan y asado. Él se negó a recibirlos, y la mujer, de rodillas, le pidió perdónsi en algo lo había ofendido”. Él la perdonó y le aconsejó comportarsecomo mujer de bien”. Durante un tiempo todo pareció encauzarse. Pero la situación no terminó ahí. La mujer se fue al pueblo, y, estando ella allá, el capataz solicitó permiso para ir a Buenos Aires. Cuatro días antes de su partida, Becar le escribió a su esposa advirtiéndole que no debía recibirlo en su casa. Sin embargo, “no hizo lo que debía: lo hizo pasar, sabiendo yo que allí paraba Don Dionisio”. Desesperado, el mayordomo dejó encargadas sus tareas al puestero Vitorino Calderón y partió al galope hacia el pueblo: “Allí lo hallé en casa, al capataz, que en el momento lo despedí, y se fue calladoY a ella la tomé y le di unos buenos golpes por no hacer lo que le había mandado”. Esa misma noche escribió a Rosas comunicándole que no quería seguir viviendo con su mujer y exponiéndole sus sospechas le confió la misiva al muchacho de D. Pedro Calderón, a fin de que, como chasque la llevase. Pero la carta nunca llegó: “Ella fue y le jonjabeó la carta al muchacho, se la quitó, y mandó llamar a Don Antonino Reyes para que nos viniera a componer”. Reyessecretario de Rosas - intervino y, “como un anciano”, aconsejó que se informara al patrón para que el capataz fuera removido. Becar se negó: “los hombres no teníamos la culpa”. Sin embargo, la situación se volvió insostenible: “ya entramos en tres meses que estamos como en divorcio, porque me ha hecho otras”. A pesar de todo, el mayordomo afirma no guardar rencor hacia el capataz, con quiendiceno ha tenido enfrentamiento alguno. El desenlace llegaría tiempo después. El 23 de julio de 1842, Pedro Rodríguez, desde Palermo de San Benito, le escribe a Becar señalando el grave deterioro de la estanciatras echar la hacienda en la quinta, y el deplorable estado en que se encuentra después de tanto sacrificio y dinero que le ha costado a Don Juan Manuel, errores en la conducción y del abandono de las haciendasy le ordena que, “sin más demora ni consulta”, entregue el mando al capataz. Juan José Becar responde el 25 de julio, desde la Estancia San Martín, indicando que, cuando Dionisio Schoo regrese de Buenos Aires, procederá a hacerle entrega del establecimiento. - 1 El curioso amorío que alteró la calma de una de las estancias de Juan Manuel de Rosas - 2 La picante definición de un experto sobre la industria que quiere importar trigo y su pronóstico para los precios - 3 Cierre de mercado: un golpe de la Unión Europea a Brasil por la carne sacude a la región - 4 Tiene 360 empleados: el Banco Nación no aceptó una propuesta de pago y una conocida algodonera quedó en riesgo de quiebra


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