Mamdani enfurece a los multimillonarios de Nueva York por subirles los impuestos y congelar los alquileres protegidos El alcalde socialista de la capital financiera de Estados Unidos busca aligerar la carga a los inquilinos de rentas bajas a los que se les han disparado los costes en los últimos años, pero algunos expertos avisan de efectos adversos En el apartamento del Upper West Side para el que acaba de cerrar una operación, el agente inmobiliario Avi Levi-Braha se sincera con su cliente. “En los 11 años que llevo trabajando en Nueva York, jamás había visto algo así. Conozco muchos grandes propietarios que se quieren ir de aquí. Entiendo que este alcalde tiene buenas intenciones, pero sus políticas van a acabar haciendo daño a todos”, confiesa en voz baja, como si alguien, además de su interlocutor, le estuviera escuchando. El alcalde del que habla es Zohran Mamdani, el joven socialista musulmán nacido en Kampala (Uganda) que sorprendió a todo el mundo al hacerse con el poder en la meca del capitalismo occidental. Tras casi cinco meses en el poder, Mamdani ha mezclado el pragmatismo con la defensa férrea de principios como elevar los impuestos a los ricos entre los ricos y congelar el alquiler a las clases menos privilegiadas. Son dos ideas fáciles de vender a sus votantes, pero que lo han enfrentado con algunos de los neoyorquinos más poderosos. Uno de los choques más directos lo protagonizó Kenn Griffin, consejero delegado del fondo de inversión Citadel. Y hay que reconocer que en este caso fue Mamdami quien empezó la batalla. “Cuando me presenté a alcalde, dije que íbamos a poner impuestos a los ricos. Y hoy lo estamos haciendo. Por primera vez en la historia de Nueva York, una tasa anual gravará las casas de más de cinco millones de dólares de propietarios que no viven todo el tiempo en la ciudad. Como este ático que Ken Griffin compró por 238 millones de dólares”, dijo en un vídeo en su cuenta de Instagramsu forma favorita de comunicarse—. Mientras decía esto con una gran sonrisa, señalaba la lujosa residencia del financiero. Este enfureció, acusó al político demócrata de poner su vida en peligro y dijo que ya estaba pensando en trasladar negocios a Miami. También el financiero Bill Ackman pidió al alcalde que dejara de espantar a las grandes fortunas que, según él, pagan la gran parte de los impuestos de la ciudad y garantizan que los ciudadanos más pobres vivan mucho mejor que si no estuvieran ellos. Otro millonario que ha respondido a esta propuesta es el presidente Donald Trump. Pese a la sorprendente buena relación que los dos políticos han mantenido en los últimos meses, el mandatario republicano dijo esta semana de Mamdani: “Me cae muy bien, es un tipo estupendo. Pero no se puede ahuyentar a la gente de Nueva York con los impuestos, porque entonces nunca vuelven. Es muy peligroso”. Dos millones de inquilinos El impetuoso jovensolo tiene 34 años, lo que le convierte en el alcalde más joven que ha conocido Nueva York en más de un siglono solo quiere subir impuestos a los que más tienen. El reverso de la moneda de sus políticas es que los más de dos millones de personas que viven en pisos de renta estabilizadaen torno a uno de cada cuatro neoyorquinosno tengan que pagar el año que viene ni un dólar más por su vivienda de lo que ya hacen. La congelación de rentas no es aún definitiva, pero esta semana recibió un buen empujón cuando el organismo que debe hacer la propuesta, cuyos miembros habían sido renovados previamente por el nuevo alcalde, votaron a favor. No es esta una decisión revolucionaria, el alcalde Bill de Blasio, que gobernó la ciudad entre 2014 y 2021, la tomó varias veces, pero también ha servido en esta ocasión para encender los ánimos. El alud de críticas ha venido desde asociaciones de propietarios de vivienda protegida, que alertan de que la situación se empieza a parecer a la de los temidos años setenta, cuando la ciudad pasó por una fase de abandono, inseguridad y suciedad que ha quedado grabada en el inconsciente colectivo. También se quejan de que la presión ha aumentado tanto sobre ellos que ya no pueden cubrir gastos. Hay economistas que alertan de que así se desincentivan las muy necesarias nuevas construcciones. Y artículos de prensa, como los que publica a menudo The New York Post, verdaderos arietes contra el alcalde, que aseguran que esta es la mejor forma de deteriorar las viviendas de las clases menos favorecidas. Reinventar la tradición Andrés Jaque, decano de Arquitectura de la Universidad de Columbia, da una respuesta muy matizada al enjuiciar las decisiones que está tomando Mamdani. En primer lugar, destaca que sus políticas están reactivando, “de una forma tremendamente inventiva”, tradiciones que llevaban décadas dormidas. “Nueva York fue desde el siglo XIX un enorme laboratorio de políticas sociales. Pero el impulso para la inclusión social se debilitó en las últimas décadas, especialmente a partir del alcalde Michael Bloomberg, que promovió políticas de atracción de capital global que transformaron la vivienda, pasando de ser un bien de uso a un producto financiero”, explica en una videollamada. Si bien alaba el impulso social del nuevo alcalde, este arquitecto español instalado en Nueva York hace más de 15 años alerta también de los riesgos de su ímpetu: “Su éxito dependerá de la capacidad para alcanzar acuerdos amplios con propietarios, aseguradoras e inversores. El problema es que ha construido un enorme apoyo social intensificando un discurso muy crítico hacia el capital. Y eso puede dificultar ahora la construcción de los consensos que necesita con el sector privado. Va a requerir un cambio de lenguaje: demostrar que puede proteger también intereses empresariales, que son actores necesarios dentro del funcionamiento urbano”. Esa mano dura contra el mundo del dinero que Mamdani mostró durante la campaña electoral le ganó simpatías entre unos votantes que han visto cómo en los últimos años la ciudad se ha ido haciendo más y más invivible para las rentas medias y bajas. Según los datos del portal inmobiliario Realtor, a finales del año pasado, el alquiler mediano de un apartamento en Nueva York era de 3.585 dólares, un incremento de más de 1.000 respecto a cuatro años atrás, durante la pandemia, cuando parecía que cada vez menos gente iba a querer vivir en las grandes ciudades. Esta es una idea que el tiempo ha demostrado completamente ficticia. Pese a sus críticas a la gestión de Mamdani, el agente inmobiliario Levi-Braha admite que el mercado, sobre todo el de alquiler, se ha disparado hasta extremos inimaginables poco tiempo atrás. Desde el hundimiento durante la pandemia, las rentas se han ido apreciando de año en año. “Cada vez que tengo un nuevo piso en cartera, y compruebo lo que valía antes, el mercado se ha disparado. Tengo un cliente que compró un apartamento pensando en alquilarlo por 3.400 dólares. Cuando lo puso en el mercado, estaba en 4.600. A los dos años volvió a salir, pero esta vez ya por 5.800. Es una completa locura”, dice este hombre cuyo oficio pasa por analizar día a día los precios de los pisos. En este contexto, en lo que coinciden expertos de todas las ideologías es que Nueva York necesita construir más viviendas. Por ese motivo, el alcalde acaba de anunciar sus ideas para rebajar los requisitos burocráticos, que en muchas ocasiones ahogan a los promotores. Esta semana ha presentado el plan SPEED para acelerar el ritmo de construcción de viviendas asequibles. Gianluca Galetto, economista que ha trabajado en Wall Street y con anteriores administraciones del Ayuntamiento neoyorquino, asegura que congelar el alquiler de las viviendas protegidas puede ayudar a los inquilinos directamente afectados, pero que no va a solucionar por solo la crisis de la vivienda. Y apunta a otros grandes problemas que arrastra la ciudad, como las muchas leyes anticuadas que hay que reformar y las viviendas que no salen al mercado. “Honestamente, no creo que nadie pueda solucionar todo esto solo desde la administración local. Para aumentar la oferta, que es lo que realmente es necesario, hace falta mucho tiempo”, reflexiona. Respecto a esa colaboración con otras administraciones de la que habla Galetto, Mamdani ha dado esta semana un importante paso. La aprobación de un presupuesto equilibrado, que no genere más déficit, supone un importante logro para un alcalde que en sus primeros días en el cargo alertó de que la ciudad estaba al borde de una crisis fiscal de proporciones históricas. Y este éxito solo se explica por la colaboración con la gobernadora del Estado, la también demócrata, pero de una facción mucho más moderada que Mamdani, Kathy Hochul. El arquitecto Jaque resume como mayor logro de Mamdani el haber enviado un mensaje con lectura global: colocar en el centro de las políticas públicas la amabilidad, la solidaridad y la importancia de que la gente permanezca en sus barrios. “Esa puede terminar siendo una contribución enorme de Nueva York al resto del mundo”, afirma.