Atletas rarámuris y mixtecos arrasan en el podio Domingo 17 de mayo de 2026, p. a11 Pekín. Forjados en el corazón de la montaña, cinco atletas indígenas mexicanos cruzaron el Pacífico para alzarse con la victoria en el 23 Maratón de la Gran Muralla China. Procedentes de dos naciones originarias caracterizadas por una riqueza cultural milenaria y una profunda fuerza étnica, Sabina, Mario y Antonio (rarámuris); junto con Miriam y Balbina (mixtecos), subieron al podio en las distintas categorías de la competición (42 y 21 kilómetros). Dos primeros lugares, dos segundos y un tercero sellaron el triunfo ayer de los corredores nacionales en su paso por Huangyaguan, una de las más emblemáticas zonas de la mítica edificación, a unos 130 kilómetros del centro de esta capital. Herederos de dos añejas cosmovisiones para las que correr es sinónimo de resistencia cultural, los cinco mexicanos avanzaron con paso firme durante toda la carrera y enfrentaron uno de los máximos desafíos de la competición: subir y bajar los 5 mil 164 escalones que se levantan en esta parte de la muralla. “Nacimos corriendo” “Nacimos corriendo. Desde que éramos chiquitos echábamos trote, ya fuera detrás de los animales o simplemente jugando. Es una herencia que nos han dejado nuestros padres y abuelos”, narró Antonio Ramírez Hernández, primer lugar en maratón (42 kilómetros) varonil. Originario del pueblo rarámuri (corredores a pie o de pies ligeros) que se encuentra enclavado en la inhóspita Sierra Tarahumara, en Chihuahuaque en su punto más alto se eleva a más de 2 mil 800 metros sobre el nivel del mar–, este joven de 28 años de edad tuvo que cambiar sus habituales huaraches de tres agujeros y suela de llanta por zapatos para correr, ya que gran parte de la ruta se desarrolló sobre asfalto. En todo momento mantuvo la concentración: “No pensé en nada. Durante la carrera la meta era llegar, nada másEs muy emocionante haber ganado”, afirmó en entrevista con La Jornada en la sede de la embajada de México en China, donde los cinco ganadores fueron recibidos después de la competencia. Desde 1999 miles de corredores de todo el mundo se dan cita para participar en esta justa deportiva, cuyo escenario es la fortificación símbolo de la antigua China, que se calcula alcanzó una longi-tud de más de 21 mil kilómetros, extendiéndose desde el borde del río Yalu, en la frontera con Corea, hasta el desierto de Gobi, al borde sur de Mongolia. Sus muros tienen una altura de entre 6 y 7 metrosen ciertos trazos parecen aún más elevados porque la muralla está construida en laderas–, en su punto más alto se erige a 980 metros sobre el nivel del mar. En 1987 fue designada patrimonio de la humanidad por la Unesco y también es catalogada como una de las nuevas siete maravillas del mundo moderno. En ese contexto se adentraron los atletas nacionales con el objetivo de dar su mayor esfuerzo. Los cinco forman parte de la iniciativa México Imparable, lanzada en agosto de 2025 por la presidenta Claudia Sheinbaum y que tiene la finalidad, de acuerdo con su directora, Mir-na de la Cruz, dar visibilidad a los pueblos originarios de México y brindar oportunidades de desarrollo deportivo a sus habitantes. Desde muy pequeña, Miriam Morales Hernández aprendió a explorar la sierra de la Mixteca (pueblo de la lluvia) en Oaxaca, a mil 570 metros sobre el nivel del mar. Su padre le trasmitió el amor por la naturaleza y el gusto por correr en las laderas. Curarse la vida Con el paso del tiempo abandonó la práctica, hasta que la muerte de su progenitor la condujo a un rencuentro. “Era la pandemia y encontré algo en el deporte que me cambió la vida: hallé seguridad en misma, conecté de nuevo con la naturaleza. Es ahí donde empecé a correr de nuevo y descubrí que era lo mío. La montaña es otro nivel, correr ahí es único porque te desconectas de todo, sientes que la montaña te acobija. Cuando mi padre falleció, el salir a correr en la montaña todos los días me curaba la vida”. Esta joven de 20 años de edad obtuvo el primer lugar del medio maratón (21 kilómetros) en la rama femenil. Completó la prueba en una hora 38 minutos y 49 segundos, estableciendo un nuevo récord al bajar en casi seis minutos la anterior marca. “¡Un tiempo fantástico. Wow!”, señaló impresionado el presentador en la ceremonia de premiación. Balbina Morales Santiago, de 32 años de edad, originaria de la Mixteca, cruzó la meta detrás de Miriam. Ésta es la primera ocasión que sale de México y lo hizo para hacer el uno-dos. “La muralla no me costó mucho, pero en cierta parte está un poquito complicado porque las escalera están altas y se me dificultaba más subir. Pero lo que sentí más pesado es la parte del asfalto, que no es lo que corremos en Oaxaca.” Los corredores nacionales aterrizaron en Pekín el pasado lunes. A pesar de los estragos por el cambio de horario (14 horas más que en el centro de México), se enfocaron en su objetivo. Además, el jueves 14 participaron en el lanzamiento de la exposición México tierra de campeones, en la embajada mexicana en esta ciudad. Curtidos en las montañas Curtida en las cimas de la tarahumara, desde donde se observan las profundas barrancas de esa sierra, Sabina Martínez, de 27 años de edad, se quedó con la tercera plaza en la categoría femenil del maratón (42 kilómetros). Es tímida ante las cámaras, detesta las entrevistas, pero en el terreno se transformasuele cubrir a trote hasta 63 kilómetros en la montaña–, herencia de sus ancestros rarámuri. Luego de su victoria evadió las interrogantes. Ante la lente sonrió un tanto chiveada. “¿Qué re-presenta correr para ti?”. Por varios segundos reflexionó la pregunta y en apenas una palabras dejó en claro la complejidad de sus propias sensaciones: “No salen palabras para decirte…” Mario Ramírez se quedó con el segundo lugar en el medio maratón varonil. A sus 35 años de edad no recuerda un momento de su vida en el que no haya corrido y desde 2017 entrena para altas competencias. Avezado en los intrincados caminos de la montaña rarámuri, consideró que precisamente éstos lo han formado para grandes retos: “Nuestros ancestros corrían en las montañas, muchos rarámuri cazaban a pie en la sierra, corriendo kilómetros tras los animales. Así aprendimos a conquistar la montaña y hoy conquistamos la Gran Muralla”.