Historias de fantasmas ya se encuentra en librerías de México // Con traducción de Aurora Echevarría, la obra abarca facetas del autor incluso antes de fallecer, en 2024 Domingo 17 de mayo de 2026, p. 2 El libro Historias de fantasmas (Seix Barral) abarca en textos de la escritora Siri Hustvedt una gama de facetas de los últimos días de su esposo, Paul Auster, las más de cuatro décadas de amor y convivencia con él, e incluso partes de un libro que el narrador escribía cuando falleció de cáncer, en 2024. El título se lanzó ayer en México. Poco antes de su deceso, Auster dijo a su esposa que deseaba ser un fantasma y regresar para ver cómo estaba ella, qué escribía o cómo crecía su nieto Miles. Tal es la razón del título del texto, en el que Hustvedt relata esa presencia casi tangible y reconfortante, con las señas dejadas en esa casa que compartieron, como el olor a tabaco, los libros y los recuerdos de su relación y vínculo intelectual. Desde inicios de este año, la autora publicó en su cuenta de Instagram una serie de mensajes sobre su texto más reciente. Uno de los primeros cuenta: “Recuerdo cuando era joven. Yo tenía 26 años y Paul 34 cuando nos conocimos, cuatro días después de mi cumpleaños, el 23 de febrero de 1981. He encontrado las cartas de amor que le escribí a Paul hace 45 años. No las había vuelto a leer hasta que empecé a escribir Historias de fantasmas. Están en el libro”. El título, de alguna manera misceláneo, se inicia con un texto de la autora que van desgranando la pureza de su duelo, a partir de la cual se va instalando la más profunda ausencia. Reminiscencias, huellas que van borrándose tras no ser renovadas por su pareja. Ese discurrir casi brutal que significa el golpe a la inversa que borra aquellas caricias que fueron creando su impronta en las cosas compartidas, en el domicilio común. Aparte, en su cuenta de la red social, la narradora expuso que las historias de aquellos primeros días de su vida juntos se cuentan en la de escritos aparecidos ahora en español. Relata la dulceamarga sensación que le produjo el recuerdo de la primera nota que Auster le dejó en el buzón. También escribe de una fotografía que su yerno, Spencer Ostrander, le tomó al narrador en marzo de 2024 mientras redactaba el inconcluso Cartas a Miles; la autora explicó que le encanta, puestransmite su concentración y el placer que le producía escribir. Las 35 páginas que pudo terminar se incluyen en mi próximo libro, Historias de fantasmas. Su prosa salpica la mía. Considero el libro un diálogo póstumo. Me encantaba hablar con mi marido. Echo de menos su voz y me alegra mucho que el lector pueda escucharlo en mi libro”. Siri Hustvedt, en esa red sociodigital, comentó sobre la presentación de este libro: “tras la muerte de Paul, he pasado más tiempo a solas que en cualquier otro momento de mi vida. Conocer a los lectores, estrecharles la mano, escucharlos contarme historias sobre mis libros y sus vidas ha sido un bálsamo para . Estoy profundamente agradecida”. “Quiero morir en la bibliotecaCon la traducción de Aurora Echevarría Pérez, el volumen explora la manera en que se deshace de los objetos de Paul Auster, los cientos de plumas, la diversidad de medicamentos acopiados en un año de malestares de su marido, impronunciables muchos de ellos, la ropa y los demás artículos que le pertenecen, junto con los recuerdos con los que se vinculan. Ahí está esa chamarra aborregada argentina, por ejemplo, de la que no pudo prescindir Hustvedt, aunque ya había perdido el olor del hombre con quien compartió buena parte de su vida. La narradora también se refiere a la biblioteca común, que mereció una reflexión: “él fue en gran parte responsable del modo en que estaban organizados los libros en ella, y todavía hay partes de ese orden que me resulta irracionales”. Años después, lo que se relata en el libro, el narrador confesó a su pareja: “quiero morir en la biblioteca. Me imagino instalando una cama de hospital aquí”. La narración se inicia con un sencillo parte de hechos: “Estoy viva. Mi marido, Paul Auster, está muerto. Murió el 30 de abril de 2024, a las 18:58, en la casa de Brooklyn donde ahora escribo estas palabras”.