n días pasados, el Seminario Mexicano de Cultura otorgó al maestro David Ibarra la medalla José Vasconcelos que, desde 1997, ha entregado a mexicanos destacados en diversos campos del saber. El andar del maestro David Ibarra ha sido largo, fructífero como lo demuestra su paso por la CEPAL, esa cantera del pensamiento económico latinoamericano donde se han dado cita influyentes pensadores: Raúl Prebisch, Celso Furtado, Juan F. Noyola, Víctor Urquidi, Aníbal Pinto, Osvaldo Sunkel, Fernando Fajnzylber, grandes economistas quienes conformaron la orden cepalina del desarrollo, designada así por el carioca Celso Furtado. Prolífico autor y constante impulsor de seminarios y cursos; dentro de su obra escrita están, entre otros títulos: Ensayos sobre economía mexicana (2005); Derechos humanos y realidades sociales (2007); El desmantelamiento de Pemex (2008); Ensayos sobre la economía mexicana (2012) y Desarrollo evanescente y desprotección social (2014). Su magisterio ha ido más allá de las aulas, desde el servicio público (director general del Banco Nacional de México, secretario de Hacienda y Crédito Público, así como director general de Nacional Financiera), el maestro Ibarra nos ha enseñado la importancia de la historia, no como un refugio discursivo ni un ensueño nostálgico, sino como mirador ampliado desde el que es posible otear caminos para mejor estar en nuestro presente e imaginar nuevos mundos, nuevos rumbos. Para tener la capacidad de (re)crear y afinar enfoques que incluyan de manera central los reclamos de justicia social y respeto de los derechos humanos. “En México”, escribía en 2020, “no hay vuelta atrás, ni certezas en el ya envejecido camino neoliberal. Eso nos obliga a intentar la construcción de (…) una política propia que a la par de democrática resulte más autónoma e igualitaria, aun frente a restricciones externas a veces inescapables (…) la tarea es y será pausada, difícil, en la atmósfera de desasosiego, de intensa polarización distributiva que todavía priva en el país. “¿Emprenderemos la tarea unidos, con la persistencia obsesiva para alcanzar metas que hermanen progreso e igualdad y permitan ir corrigiendo errores inevitables? Esa es precisamente la cuestión más relevante a responder en nuestro nuevo tiempo mexicano”. (David Ibarra, “Espejismos ideológicos y realidades”, La Jornada, 16/01/2020). Se trata de reivindicar la política económica, ejercerla –entenderla– como un proceso social y no sólo técnico o tecnocrático; ver a la política social como el cemento indispensable para el funcionamiento del Estado democrático constitucional moderno. Para decirlo en una nuez: asumir que la política y la economía no conforman dominios distintos, sino que integran una unidad indisoluble; que la democracia no es cascarón ni discurso hueco, sino marco que permite la participación social responsable y la (re)construcción institucional de un Estado democrático, con capacidades de intervención y conducción socioeconómica que (nos) permita tomar un renovado curso de desarrollo que tenga en el acuerdo su fundamento y en la justicia social su razón de ser.
Rolando Cordera Campos: David Ibarra, un reconocimiento
En días pasados, el Seminario Mexicano de Cultura otorgó al maestro David Ibarra la medalla José Vasconcelos que, desde 1997, ha entregado a mexicanos destacados en diversos campos del saber.
Versión A1
Preparando edición A1.
Original