n lo que va del siglo, hemos sido testigos de varios cambios muy importantes en el mundo, así como innovaciones que han revolucionado nuestras costumbres y estilo de vida. Algunos ejemplos: la expansión y comercialización de Internet a escala mundial, la invención de los celulares inteligentes ( smartphones), dispositivos móviles y computadoras portátiles con mayor capacidad, entre otros cientos más de artículos de usocasi permanenteque requieren de electricidad. Sin dejar a un lado a las diferentes industrias que al igual requieren de energía eléctrica e incluso de quema de combustibles. La problemática más grave que dichos instrumentos han generado para generar energía es la peor crisis ambiental de los tiempos recientes, y éstos nos han demostrado que debemos tomar muy en serio la opción de ir cambiando a nuevas fuentes de energías conocidas como limpias, o menos tóxicas y, sobre todo, renovables. Una de las indicaciones es no retroceder en el rechazo a técnicas nocivas para extraer hidrocarburos, como el, supuestamente, inofensivo fracking, o fractura hidráulica. Ya sabemos que las empresas privadas, nacionales y extranjeras, presionan a los gobiernos para que simpaticen con este métodomundialmente rechazadoy prohibido en aquellos países que no comprometen su conciencia por la voracidad a fin de aumentar las ganancias, especialmente de las empresas interesadas. La sociedad debemos participar en las propuestas y unir talentos para encontrar aquellas opciones que no comprometan nuestra independencia energética ni pospongan el saneamiento ambiental por compromisos políticos con las empresas interesadas en la fractura hidráulica, u otra igual de nociva. De igual forma, es un riesgo político y económico mantenerse contra la lucha ambiental nacional y la mundial. La defensa de la soberanía energética no implica recurrir, forzosamente, a métodos ya rechazados, cuyo mejoramiento no ha sido ampliamente comprobado. La fuerza que ha mostrado el movimiento mundial contra el uso del fracking la ha logrado por su coordinación y constancia internacional. Algunas de los grupos que lideran las campañas globales, que difunden acciones y organizan actividades en cada país integrante, son: Friends of the Earth International (Amigos de la Tierra), red mundial coordinadora de cientos de campañas en múltiples países, impulsora del rechazo global al gas de esquisto; Alianza Latinoamericana Frente al Fracking, integrada por más de 40 organizaciones de países, entre ellos: México, por conducto de la Alianza Mexicana contra el Fracking, Colombia, Argentina y Brasil. Organizaciones que se han mantenido firmes ante la insistencia de seguir depredando mediante el uso de la fractura hidráulica, y otras tantas en los continentes habitados, con buen éxito en defensa del agua, la tierra y el clima. Ya lo tenemos claro, los programas de disminución de la huella de carbono no han avanzado a la velocidad que necesitamos porque los gobiernos encuentran siempre, ya sea por compromisos político económicos o por una inconsciencia renovada, pretextos para posponer el cambio en la forma de utilizar los combustibles. No olvidemos que la huella de carbono es un indicador ambiental que mide el total de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos, de forma directa o indirecta. Cada persona que habita el planeta, cada empresa, grupo y organización que requiera combustible, uno a uno de los eventos contaminantes, o artefacto diseñado para consumir energía, producen los GEI. Son toneladas de dióxido de carbono depositadas en la atmósfera. Con fórmulas específicas se mide la cantidad y su impacto en el cambio climático. Debemos continuar señalando que las energías de combustión interna, por ejemplo, continúan siendo un verdadero problema sanitario mundial que afecta a todas las personas en el mundo. Además de los conflictos que surgen, por absurdo que sea, por acaparar la mayor cantidad posible de reservas petroleras. Así, bajo este rubro, van aumentando las tensiones geopolíticas, y así, la economía mundial va presionando, cada vez más, a la sociedad de cualquier gobierno, cultura, o región territorial. El resultado, como hasta ahora, deterioro de la calidad de vida. Es por esa y otras razones que es obligado tomar en cuenta aquellas energías a base de fuentes diferentes al petróleo y derivados. La transición debe enfrentarse y, paso a paso, lograrlo. La opción y la meta es cambiar nuestro estilo de vida. Volcarnos a las necesidades reales (vitales) y no a las creadas e innecesarias. Demos prioridad a la lógica y a la conciencia ambiental. Mayor destrucción no es la opción. Y, mucho menos, considerar al método del fracking como una alternativa de solución ¿solución a qué necesidad más importante que la salud humana y ambiental? Se conocen bien las alternativas, varios países, incluso México, están trabajando en ello. Encontrar una alternativa a los hidrocarburos es una meta importantísima. Las nuevas fuentes de energía limpias, poco costosas y universales serán las que en el futuro garanticen la vida en el planeta. No olvidar la energía nuclear, una de las mejores. Además de que no evitarán el desarrollo humano. Estamos hablando de romper el cordón umbilical que nos sujeta a la dependencia total hacia los hidrocarburos. Sabemos que los gobiernos capitalistas se sostienen fuertemente de la extracción, producción de los derivados y venta de los hidrocarburos. Este ha sido el gran negocio histórico y generador de enfrentamientos y sometimientos económicos que, los intereses oligárquicos y todo tipo de capitalismos disfrazados, han mantenido en riesgo la salud mundial. ¡Basta de destrucción! Colaboró Ruxi MendietaPara Ximena Guzmán Cuevas y José Muñoz Vega, la justicia llegará