on muchos los tesoros alimenticios que nuestro país ha aportado a la gastronomía del mundo: maíz, jitomate, chile, aguacate y muchos más, pero hoy vamos a hablar del cacao. Ya hemos destacado la importancia que tuvo en el México prehispánico en que se utilizaba como alimento, medicina y moneda. Mencionamos que tan sólo en las bodegas del emperador Moctezuma había almacenadas 40 mil cargas. El notable fray Bernardino de Sahagún, en su magna recopilación Historia de las cosas de la Nueva España, señala que había comerciantes que falsificaban el cacao: “El mal tratante vende las almendras de cacao falsas, porque las cuece y aún las tuesta para que parezcan buenas, y a veces échalas en el agua para que aparezcan gordas”. En México se cultivan siete especies principales, que el famoso botánico sueco Carl Von Linée llamó Theobroma, explica que en latín significa “comida de los dioses”. Así, no es de extrañar que la Ciudad de México ya tenga otro museo dedicado al chocolate. Hace varios años que existe el “Mucho” en la colonia Juárez, del que hemos escrito varias crónicas y continua funcionado con gran éxito. Recientemente escribimos sobre una fascinante visita con el arqueólogo Raúl Barrera a varios hallazgos recientes en la calle de Guatemala y uno de ellos era el Huey Tzompantli. Es una estructura que en los extremos tenía torres donde se clavaban una serie de postes de madera con travesaños, en los cuales se colocaban los cráneos de quienes eran sacrificados para honrar a los dioses. En una parte de ese predio, en una vieja casona que se restauró hábilmente, se inauguró hace unos meses el Museo del Cacao y Chocolate “Choco-Story”. Con un concepto muy distinto del “Mucho”, ya que éste es interactivo. Se recorre con una audioguía que te lleva a través de exhibiciones temáticas, actividades sensoriales y elementos didácticos a conocer la historia milenaria del cacao y su transformación en chocolate. Un objetivo central es conectar a los visitantes con las raíces prehispánicas del cacao, su evolución a lo largo del tiempo y su relevancia en la cultura mexicana actual. Hay salas con proyecciones y objetos históricos, entre muchos otros: molinillos y hermosos metates para moler el cacao; en otro lugar, la maquinaria que los sustituyó e inició su industrialización. Se reproduce una sala que evoca el siglo XVIII, muy bien puesta y con videos donde aparecen personajes de la época, ataviados con elegancia, que degustan tazas de chocolate. Otros espacios muestran unas ricas colecciones de finas tazas, chocolateras, mancerinas y jarras de chocolate antiguas de porcelana, vidrio y plata. Hay degustaciones y talleres con experiencias prácticas que permiten conocer de cerca el proceso de producción del grano. Maestros chocolateros guían a los visitantes paso a paso en la elaboración de tabletas, paletas y otras especialidades del suculento producto. El Museo del Cacao y Chocolate busca no ser solamente un espacio que celebra la historia del grano ancestral, su sabor e importancia como alimento, sino como un elemento clave de identidad, tradición y conocimiento. Al término de la visita, en un bonito patio junto a la tienda está la cacaotería, que ofrece una variedad de bebidas y alimentos sencillos, todos de cacao. Los productos se pueden saborear sentado en unas alegres mesitas verdes o llevarlos a casa. Les menciono algunos: en bebidas frías, cacao tonic o con macadamia, cold brew y frappé de pulpa, horchata. Las calientes: chocolate con agua, con leche, ceremonial o moka. Para llevar hay una variedad de barras de chocolate, spreads para untar, cacao en polvo y chocolatines varios. Si se prefiere una comida formal, en la azotea instalaron una terraza con un hermoso restaurante de cierto postín, con una vista magnífica de la parte posterior de la Catedral. Tiene una carta pequeña y un buen chef, así es que todo es original y sabroso. Les comparto las viandas que degusté: cogollos de lechuga a la criolla con yogurt, ajo, queso pecorino y aderezo de hierbas; el plato principal fue un papardelle al brodo, (una pasta ancha hecha en casa, buenísima) que flota en un delicado caldo y lo acompañan trozos de tocino con mollejas de res. El postre tenía que ser el pastel de chocolate con ciruelas y earl grey.
Ángeles González Gamio: Dulce novedad
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