También fue acusado de violencia familiar por la madre del menor Domingo 17 de mayo de 2026, p. 12 Cuando Janet Aline Quiroz Islas conoció al misionero católico José Misael Rivas Vargas, vestido con el alba en el altar del santuario de la Divina Misericordia de Tocuila, Otumba, en el estado de México, pensó que era una señal divina, un mensaje de Dios sobre el hombre que sería después su esposo. Ilusionada, contrajo nupcias el 17 de mayo de 2019 en esa misma iglesia, con 35 años. Vivieron en la casa de la madre de él, algo que afectó inmediatamente la relación. El matrimonio sólo duró 11 meses, tiempo suficiente para que Aline comprendiera que cometió un error y se preguntara por qué nadie de la comunidad católica de San Francisco Javier le alertó sobre las patologías y desórdenes siquiátricos de su ahora ex esposo de 29 años. Durante esos escasos meses de unión conyugal, Aline, maestra de profesión, dice que sufrió violencia física y sicológica, aun durante su embarazo: bofetadas, empujones, jaloneos, gritos, humillaciones, insultos y amenazas de muerte. Un trato de desprecio que no estaba dispuesta a tolerar: “No fue hasta el matrimonio que me fui enterando de algunos conflictos y quejas que tenía dentro de la iglesia, pero nadie inició denuncia formal contra él”, dice en entrevista con La Jornada. Con tres meses de embarazo, José Misael la golpeó mientras conducía porque fue visitada por su madre y hermana. Dice que perdió completamente la visión de un ojo y le diagnosticaron catarata traumática: “Él estaba descontrolado y fúrico; me exigía que le entregara mi celular, y como no se lo di, me golpeó la cara con la mano abierta y provocó que perdiera completamente la visión en ese momento”. Los episodios de violencia aumentaban: “El hombre tiene la última palabra y la mujer debe obedecer”, le repetía, hasta que Aline decidió poner fin al matrimonio el 29 de abril de 2020, luego de otra agresión frente a su hijo recién nacido y después de descubrir “su secreto”: “Ese día lo confronté por sus infidelidades y conductas de atracción hacia personas de su mismo sexo, esperando que él simplemente lo aceptara; sin embargo, su respuesta sólo fue más violenta. Al siguiente día, el 30 de abril de 2020, estando él fuera de casa, salí definitivamente de ahí”. Viacrucis judicial Interpuso una denuncia por violencia familiar con el número de carpeta ECA/CGV/JME/034/198525/21/07, pero ante la falta de avance, la revictimización y los gastos que implicaban su traslado a la fiscalía, el proceso quedó abandonado. Antes empezaron sus juicios de pensión alimenticia, convivencia y guarda y custodia de su hijo con el número de expediente 422/2020 en el juzgado segundo civil del distrito judicial de Otumba, mientras José Misael sólo daba 200 pesos de pensión. A pesar de sus antecedentes violentos, el juez fijó las connivencias para los sábados de 9:30 a 16 horas. Durante un tiempo todo parecía fluir bien. Pero cuando el niño tenía alrededor de tres años empezó a mostrar actitudes de miedo y rechazo hacia su padre: “Comenzó a presentar retraso del lenguaje, pesadillas nocturnas, problemas con el control de esfínteres y de conducta en la escuela. Estaba irritable. Mordía a sus compañeros”. Finalmente, en febrero de 2025, decide acudir a una sicóloga cognitiva conductual para someter a su hijo a terapia. Luego de una serie de pruebas y juegos especiales, le dijo: “El niño refiere que su papá le mordió el pene”. La noticia de la agresión sexual fue un jarro de agua fría para Aline, quien finalmente decide el 22 de febrero interponer una denuncia penal por abuso sexual con el número único del caso CGV/JME/034/053611/25/02. “El niño me lo dijo hasta que ya tenía cuatro años; me contó que su papá le mordió el pene cuando estaban en el baño de su casa, ubicada en la comunidad San Martín Ahuatepec. Dice que le dolió. Poco a poco ha dicho más cosas. La familia de su papá es cómplice. Me dijo que una tía le puso pomada en el pene y que otra tía le puso un curita en la herida del pene. Luego el niño me dijo que su papá le chupaba el ano y sus glúteos”. Dice que por su edad, es muy complicado que el niño dé muchos detalles, como fechas o lugares: “Desafortunadamente, en este momento, con todo este proceso legal que estamos llevando para protegernos, él está teniendo regresiones: se ha vuelto a hacer pipí en la cama”. Medidas de protección A pesar de las pruebas periciales presentadas sobre la agresión sexual al menor, el juez decidió que el niño debía seguir viendo a su padre bajo un régimen de convivencias supervisadas en el Centro de Convivencia Familiar (Cecofam) de Ecatepec, a partir del 12 de octubre de 2025. La supervisora de ese organismo se negó a tomar en cuenta la voluntad del menor, que se negaba a reunirse con su padre, y lo obligó a verlo. Aline dice que ante la inasistencia a las visitas sabatinas tuvo muchos problemas legales porque su ex esposo inició nuevo juicio civil para solicitar la guarda y custodia y la pensión alimenticia, con el argumento de que ella obstaculizaba dichas convivencias paterno-filiales: “Decía que quedó sin empleo nuevamente. En ese juicio expuse la denuncia por abuso sexual y a pesar de ello, el juez le concedió al agresor un nuevo régimen de convivencias supervisadas en Cecofam”. Añade: “Su papá seguía ejerciendo violencia contra mí y seguía amenazando diciendo que me lo iba a quitar. Luego el niño me dijo que su papá le dijo que le rompía el corazón que no quisiera verlo. Eso le ha generado al niño más síntomas de ansiedad, pesadillas y enuresis nocturna”. Relata que inició un nuevo juicio civil de violencia familiar en noviembre de 2025, y sus abogados solicitaron medidas de protección de emergencia con la finalidad de proteger y salvaguardar la integridad del menor. Fue así como finalmente lograron la suspensión temporal del régimen de visitas y convivencia. Y a continuación, el juez giró orden de aprehensión el 1º de diciembre de 2025. Posteriormente, en la audiencia inicial del proceso, efectuada el 6 de diciembre, se dictó al agresor auto de vinculación a proceso y prisión preventiva en el reclusorio de Tepachico en Otumba, por el delito de abuso sexual agravado: “Aunque no quisiera que revictimicen a mi hijo, ahora tienen que hacerle otra pericial en sicología. Mi niño ya estaba con la sicóloga por sus problemas de conducta debido a los abusos que sufría de su padre”. Aline afirma que pese a que su ex esposo ya está en prisión, su hijo y ella continúan sufriendo las consecuencias de la violencia familiar: “Sigo padeciendo en mi salud física y emocional las secuelas de todo el proceso que han implicado los juicios civiles y penales. He continuado mi denuncia de violencia familiar y una nueva denuncia por falsificación de documento y firma, en la que participó el mismo imputado: el padre de mi hijo”. Delitos continuados Dice que poco a poco se fue enterando de las conductas de su ex esposo. Le contaron que fue acosador de alumnos cuando daba clases en la secundaria: “Desconozco si alguna otra víctima ha iniciado una denuncia contra él. No era la primera vez que él cometía este tipo de delitos. Un sicólogo me preguntó: ‘¿por qué crees que abusó de tu hijo?’ Yo le dije que porque él se reprime en su sexualidad homosexual, fue su manera de mostrar su inclinación sexual hacia los varones”. Cuenta que desde su luna de miel en Europa se dio cuenta de que su entonces esposo observaba mucho a los hombres con ojos de “admiración”, algo que le parecía extraño: “Intimamente no teníamos una relación normal: él me rechazaba mucho”. La violencia se incrementaba. “Te pego porque me provocas”, dice que le gritaba y que la ofendía diciéndole: “Eres una puta”, mientras ella iba descubriendo sus relaciones homosexuales. “Le dije: ‘si te gustan los hombres dímelo ya’”. En ese momento se convirtió en un demonio y me golpeó. Él siempre lo negó. Pero yo ya había revisado su teléfono, fue cuando me di cuenta de por qué se tardaba tanto en el baño: tenía conversaciones con hombres supuestamente de la iglesia. Intercambiaban fotografías de sus genitales”. Continúa: “Cuando confirmé sus preferencias sexuales, fue un golpe muy fuerte para mí, una pesadilla. Llegué a guardar capturas de esos chats en los que tenía conversaciones con hombres de otros países y luego los bloqueaba por Facebook. Él les hablaba muy cariñoso, les mandaba emojis de corazones y en especial de sus glúteos”. Justicia y paz Aline se siente agotada después de años de procesos judiciales. Han pospuesto en tres ocasiones la audiencia para escuchar a su hijo. Dice que la defensa de su ex esposo se comunicó con su abogado para solicitar su intervención y llegar a un acuerdo: “Ahora quieren que acepte 300 mil pesos porque él está desesperado allá adentro del reclusorio. Luego me ofrecieron que se compromete a irse lejos y que no le falte la pensión alimenticia a mi hijo”. Agrega: “Yo quiero justicia, protección para mi familia. Pienso que esto que están ofreciendo es como un soborno. No sé por qué me quieren callar y silenciar. Me ofrecen cosas, me ofrecen dinero, se acercan a mi familia para intentar que lo perdonemos. Ésa es mi percepción. No quieren que se sepa todo lo que pasó”. Comenta que la comunidad católica a la que pertenecen ambos la culpa y la señala por haberse atrevido a denunciar, mientras continúa la violencia institucional en contra de ella y su hijo. Una sicóloga le confirmó que las secuelas del abuso sexual contra su hijo van a continuar: “La violencia en general ha continuado durante todo este año. Hemos sufrido violencia institucional, sicológica, económica y social. Queremos tener paz”.
Misionero católico encarcelado por abusar de su hijo propone arreglo de 300 mil pesos
Cuando Janet Aline Quiroz Islas conoció al misionero católico José Misael Rivas Vargas, vestido con el alba en el altar del santuario de la Divina Misericordia de Tocuila, Otumba, en el estado de México, pensó que era un…
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