Cuidas tu entrenamiento, pero ¿y de tu boca? El detalle crucial que afecta a tu rendimiento Se ha identificado que entre un 45% y un 75% de los atletas sufren gingivitis o periodontitis, muy por encima de la media poblacional En los Juegos Olímpicos de Londres 2012, un grupo de investigadores examinó la salud bucal de varios atletas de élite. Los resultados sorprendieron incluso a los propios deportistas: muchos presentaban caries, inflamación de encías o erosión dentalY casi la mitad reconocía que estos problemas afectaban a su rendimiento. Una sonrisa sana podría ser el eslabón perdido entre mejorar tu marca o quedarte estancado. La ciencia empieza a señalar que lo que pasa en la boca no se queda en la boca, especialmente si haces ejercicio de forma regular. Por sorprendente que parezca, cada vez más estudios apuntan a que la salud periodontal, esa que cuida las encías y los tejidos que sostienen los dientes, puede influir directamente en el rendimiento físico de los atletas. No se trata solo de evitar el mal aliento o una caries inoportuna antes de una cita olímpica: hablamos de impactos en la resistencia, la recuperación e incluso el riesgo de lesiones musculares. En España, el Consejo de Dentistas realizó una amplia aportación científico-técnica entre salud oral y deporte, desgranando los beneficios de tener una salud oral en el deportista, tanto profesional como amateur, siendo ese pequeño porcentaje del cuidado oral integral lo que podría marcar una gran diferencia en el deportista de élite. En un reciente metaanálisis donde se evaluó el impacto de la enfermedad periodontal en deportistas profesionales, es muy claro: quienes sufren periodontitis tienen un 55% más de probabilidades de reportar una disminución en su rendimiento físico. Esto podría deberse a que la inflamación crónica de las encías libera mediadores proinflamatorios que circulan por el cuerpo y afectan a tejidos musculares, aumentando la fatiga y el riesgo de lesiones. Algunos estudios han detectado una menor capacidad aeróbica en atletas con signos de periodontitis y menor potencia en pruebas de esfuerzo. Lejos de lo que podría esperarse, se ha identificado que entre un 45% y un 75% de los atletas sufren gingivitis o periodontitis, muy por encima de la media poblacional. Las razones incluyen dietas ricas en carbohidratos, bebidas energéticas ácidas, el estrés oxidativo y una agenda que dificulta las visitas al odontólogo. Algunos expertos proponen incorporar chequeos odontológicos regulares en los programas de medicina deportiva, al igual que ocurre con la fisioterapia o la nutrición. En este caso, la odontología deportiva se enfocaría en la prevención de lesiones bucodentales y orofaciales y de las patologías bucodentales causadas por el deporte, así como en la prevención de lesiones y patologías en el resto del cuerpo, mejorando la salud general y el rendimiento del deportista. En palabras de los investigadores, “la salud bucal debe verse como una variable más a optimizar para alcanzar el rendimiento máximo”. Es más, la inflamación crónica derivada de problemas periodontalesaunque sea levetambién se ha relacionado con alteraciones sistémicas en población general físicamente activa, incluyendo un aumento de marcadores inflamatorios que pueden influir en la fatiga y la recuperación muscular. En este contexto, esa inflamación de bajo grado puede traducirse en algo muy reconocible para cualquier deportista amateur: mayor sensación de cansancio, peor recuperación entre sesiones o una percepción de esfuerzo más elevada ante cargas habituales. Es decir, no hace falta estar en unos Juegos Olímpicos para que una encía inflamada empiece a restar en el entrenamiento. Además, algunos hábitos frecuentes en deportistas amateurs pueden favorecer este problema sin que sean conscientes. El consumo habitual de bebidas isotónicas y productos ricos en azúcares, especialmente fuera del contexto de esfuerzo intenso, se ha asociado con un mayor riesgo de caries y erosión dental. A esto se suma que durante el ejercicio disminuye el flujo salivalun mecanismo clave de defensa frente a bacterias—, lo que incrementa la vulnerabilidad del entorno oral. Factores como la respiración oral o la deshidratación prolongada agravan aún más este escenario. A diferencia del deportista profesional, que suele contar con seguimiento médico, el aficionado tiende a normalizar señales como el sangrado de encías o la sensibilidad dental, pese a que pueden ser indicadores tempranos de enfermedad periodontal con impacto potencial en su rendimiento. De esta forma, se ha demostrado cómo la masticación unilateral, la posición espacial de la mandíbula y del hueso hioides, así como el desequilibrio de las funciones neuromusculares de los músculos orofaciales y linguales, influyen en la postura, el apoyo plantar y afectan a la forma de caminar y correr, originando posibles lesiones musculares y articulares por sobrecarga o enlentecimiento en la recuperación de las mismas. Esto se debe principalmente a la conexión entre la boca y los pies a través de las fascias musculares y las diferentes cadenas miofasciales. Se podría incluso decir: observa cómo muerdes y descubre cómo pisas. Así que, más allá de las recomendaciones básicas conocidas por todos sobre cepillado dos veces al día durante 2 minutos, visitar al odontólogo una vez al año, etc., se pueden considerar otros aspectos: - Visitar al odontólogo especialista en odontología deportiva es importante para hacer una valoración integral y poder mejorar factores primordiales como la odontoposturología, el equilibrio de las funciones orofaciales (masticación y respiración), la calidad del sueño, el funcionamiento del sistema nervioso autónomo, etc., y así, equilibrar la musculatura corporal a través de la boca. - Evita elsorbo constantede bebidas isotónicas. Tomarlas a pequeños tragos durante largos periodos mantiene un pH ácido en la boca, favoreciendo la erosión del esmalte. Es preferible concentrar su ingesta en momentos puntuales del entrenamiento y alternarla con agua. - No te cepilles justo después del entrenamiento si has consumido bebidas ácidas. El esmalte se encuentra temporalmente más vulnerable. Esperar entre 20 y 30 minutos permite su remineralización natural y reduce el riesgo de desgaste. Enjuagarse con agua o mantener en boca cualquier hueso de fruta o aceituna para favorecer el movimiento lingual y su función de barrido mecánico de la placa bacteriana también puede ser una alternativa. - Entrenar deshidratado también afecta a tu boca. La reducción del flujo salival durante el ejercicio disminuye la capacidad de neutralizar bacterias. Mantener una hidratación adecuada no solo mejora el rendimiento, sino que también protege el equilibrio oral. - Cuidado con la respiración oral prolongada. Es frecuente en deportes de resistencia, favoreciendo la sequedad bucal, creando un entorno más propicio para la inflamación gingival. Siempre que sea posible, trabajar la respiración nasal puede ayudar a minimizar este efecto. - Introduce estrategias de recuperación también para la salud oral. Al igual que cuidas el músculo tras entrenar, enjuagarte con agua o soluciones sin alcohol después del ejercicio puede ayudar a restablecer el pH oral y eliminar restos de azúcares. - Incluso al levantarse, usa raspador lingual matutino seguido de un enjuague de agua de mar durante al menos 15 minutos, siendo importante tomar un trago pequeño de agua de mar para estimular la formación de saliva. - También hacer hincapié en el uso de pasta con hidroxiapatita y sin detergentes para prevenir la erosión del esmalte, si queremos utilizar una alternativa al flúor, según los protocolos más orgánicos y biológicos. - Atiende a señalesmenoresque no lo son. Sangrado de encías, sensibilidad dental o molestias mandibulares no deberían formar parte de tu rutina de entrenamiento. Detectarlos precozmente es clave para evitar que se conviertan en un factor limitante del rendimiento. - En el caso de modalidades deportivas donde se usa protector, evitar protectores estándar por su débil ajuste y protección, especialmente en niños y adolescentes en periodo de crecimiento. Porque en el deporte, como en la salud, no todo depende de cuánto entrenas o cuánto te esfuerzas. A veces, los factores que más influyen son los que pasan desapercibidos. Y uno de ellos puede estar mucho más cerca de lo que imaginas: justo detrás de tu sonrisa.